Cabo Verde
Dice la leyenda que Cabo Verde fue creada por casualidad. Cuando dios forjóel mundo sacudióde sus manos diez granos de tierra, “deus grazinhos de terra” abandonados en la inmensidad del atlántico. La leyenda envuelve de fatalidad a este país. Diez islas solitarias a cientos de kilómetros de la costa de Senegal y a 1500 de Canarias. El país que no es Cabo ni es verde, navega desligado de África, mirando hacia Europa pero a años luz de ella, peinada por los vientos y la saudade, esa vieja melancolía perenne que lo acompaña. Cabo Verde destila soledad pero posee la calma de pertenecerse a si mismo. “Esta es la tierra que hemos heredado, no tenemos otra”, proclamóAmílcar Cabral, héroe revolucionario que emprendióel camino hacia la independencia de esta antigua colonia portuguesa. Esta es la tierra heredada: diez islas y varios islotes macaronésicos. La tierra donde se sembróla morabeza, la hospitalidad confiada como un tesoro a través de sus gentes tras siglos de mestizaje. Cada una de ellas es única, de paisajes dispares y para todos los gustos. Sus habitantes también lo son, cálidos y amables, reflejo de su paisaje porque en ellos subsiste la esencia del país.